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Libros

"Heavy metal argentino", de Ariel Panzini

El libro de Ariel Panzini, abogado especialista en Derecho Penal por la Universidad de Buenos Aires, se propone explicar el factor que permite agrupar al movimiento metalero argentino en general, más allá de su heterogeneidad artística e ideológica, el cual es ser portador de conciencia de clase trabajadora en una perspectiva hacia los derechos humanos. Así el autor plantea que se ha conformado una ética metalera basada en la lucha social y cultural hacia las diferentes problemáticas sociales que se han presentado a lo largo de la historia en Argentina, pero también en Latinoamérica en general.

La conciencia de clase trabajadora es elaborada desde la composición sociológica del movimiento metalero argentino, la cual incluye no sólo el papel social de sus sujetos, sino también el espíritu de lucha por la reivindicación de esta clase. Especialista también en Derecho Internacional Humanitario, Panzini brinda una breve cátedra de la importancia de las herramientas legales y jurídicas que significan los DD.HH, tan bastardeados injustamente en la actual Argentina, para explicar cómo el movimiento metalero criollo transmitió históricamente sus valores e ideas principales. En este sentido, el autor examina detenidamente las obras Malón y Serpentor contextualizándolas en los diferentes períodos históricos del país.

Cabe resaltar que Panzini no idealiza ciegamente a los DD.HH, sino que realiza un análisis lúcido y crítico hacia este campo para luego explicar cómo las diferentes bandas metaleras criollas buscaron, desde la posición de clase obrera, defenderlo y promocionarlo desde sus mensajes y líricas al protestar por diferentes problemáticas. Entre estas se incluyen las relacionadas al genocidio de los pueblos originarios, el imperialismo, la desigualdad social, la violencia institucional, la estigmatización de los pobres, la explotación de la clase obrera, las luchas sociales, los crímenes de lesa humanidad y la contaminación ambiental, por mencionar algunas. Así el autor tiene en cuenta las principales críticas hacia el sistema capitalista y la fase actual de colonialismo que detenta la Argentina y América Latina en general, tomando la explicación de diversos autores, entre ellos Karl Marx, Max Weber, Michel Foucualt, Émile Durkheim e Immanuel Kant.

Pero la base de la sólida estructura de la obra no está sostenida sólo por investigaciones de diferentes campos académicos y las líricas de las bandas, sino también por preciadas citas textuales de los músicos exponentes del género, como Gustavo Zavala (Tren Loco y S.U.R.), Alberto Zamarbide (V8, Logos y Primal) y Osvaldo Civile (Horcas). A su vez, logra superar discusiones infértiles dentro de la escena metalera, como la que opone al “verdadero metal” y al “falso metal”, mostrando las similitudes entre Walter Giardino (Rata Blanca) con Ricardo Iorio (V8, Hermética y Almafuerte).

Ahora bien, disiento (solidaridad crítica) sobre el planteo de que el heavy metal nacional rechaza la figura del Che Guevara basado en un festival de 1997 organizado por Madres de Plaza de Mayo, en el que un periodista aprovechó para comentar que un guerrillero y un milico es lo mismo. La comparación que esboza el citado periodista no sólo es reduccionista y absurda, sino que reflota la nefasta y repudiada teoría de los dos demonios tan utilizada por los defensores de la última dictadura militar. Más allá de eso, cabe recordar que Nora Cortiñas -psicóloga, defensora de los DD.HH y cofundadora de Madres de Plaza de Mayo- siempre repite en las calles la famosa frase del Che: “Hasta la victoria, siempre”. Esta frase fue retomada por Nepal, exponente del thrash nacional, al final de la canción “Perfil Siniestro”: “¡Lucha popular hasta la victoria!”. Sería interesante incluso indagar en el under argentino donde hay bandas como Guerrilla, la cual hizo un cover de la reconocida canción compuesta por Carlos Puebla “Hasta siempre, comandante”. Si el Che fuese rechazado por ser guerrillero o militar entonces también habría que repudiar a la gran mayoría de los próceres de la Argentina, como Martín Miguel de Güemes quien era de familia acomodada y experto en la guerra de guerrillas contra los españoles. Cabe recordar que la hazaña de Güemes sirvió de inspiración para Tren Loco al efectuar la canción “Guerra Gaucha”.

Es verdad que Ricardo Iorio ha manifestado un profundo odio hacia la figura del Che, pero creo que realmente ya no tiene sentido tomárselo en cuenta en la actualidad (sin desmerecer a V8, Hermética y los primeros discos de Almafuerte), debido a su último vuelco hacia el fascismo tan detallado en notas periodísticas, como “¿Qué te pasó Ricardo?”. Si no fuera por el Che probablemente Cuba jamás habría alcanzado el sistema educativo y de salud que posee ahora, con una tasa anual de alfabetización de adultos de 99,98%; un índice de admisión escolar en 99% para niños y niñas; en ser el único país de América Latina sin desnutrición infantil severa según Unicef; o en poseer una tasa de mortalidad infantil de 3,9 por cada 1000 nacidos vivos según la Organización Mundial de la Salud (OMS), entre otros logros.

Más allá de este comentario, la obra de Ariel Panzini abre una puerta muy interesante para futuras investigaciones, producciones comunicacionales y artísticas sobre la conciencia de clase trabajadora con perspectiva en los DD.HH y también ayuda a deconstruir mitos como que “los metaleros son todos fascistas”. V8, la banda fundacional del heavy metal argentino, se separó en 1987 y con esto terminó su producción de álbumes de estudio. Sin embargo, cuatro años después dejaría un último mensaje para toda la escena metalera: “No se rindan”, nombre que llevó el disco recopilatorio del grupo publicado en 1991. El recomendable libro de Ariel Panzini demuestra con creces que el heavy metal argentino cumplió con aquel pedido al formarse históricamente como “la clase del pueblo que no se rindió”.