El dúo casi adolescente que Charly García y Nito Mestre habían puesto a rodar sólo tres años antes, y que estaba protagonizando un ascenso de popularidad inédito para cualquier número de rock local, se autosintegró en su mejor momento. Del iniciático y candoroso Vida de espíritu acústico que inauguró un nuevo estilo de canción, había pasado, en una clara exposición de afianzamiento, al más maduro Confesiones de invierno. Y de allí, ya como una formación grupal ligada a la vertiente eléctrica, dio un salto al vacío, sin red, con Pequeñas anécdotas sobre las instituciones. ¿Podría haber seguido existiendo Sui Generis después de ese tercer disco arriesgado, que sufrió violentísimos ataques de la censura reinante por entonces? Seguramente sí. Pero como ya lo habían hecho Los Beatles desde su reinado mundial, en la primavera boreal de 1970, García y Mestre -fundamentalmente el primero según siempre estuvo claro- decidieron cambiar para crecer. Eligieron vivir más, antes que empezar a sobrevivir. Y acertaron.
"Bueno, yo me despido ahora. Chau, chau, chau, loco, chau", dijo Charly al final del show, dominado por la emoción. En ese instante era absolutamente inconciente de que esas palabras casuales quedarían grabadas para siempre en la memoria de una generación, gracias a un disco y a una película, como un grito de libertad. Y de que eso, exactamente, fue Sui Generis.
Revista Dale: la muerte del rock ¿Cuál es el estado de salud del rock argentino actual? Con cinco décadas de vida, ¿está en condiciones de seguir peleando? ¿Puede la agonía de (...) Leer
Malón apoteósico Malón se presentó en el Malvinas Argentinas y con un escenario de 360º. La banda retomó su trono dentro del metal argento con la formación (...) Leer
Pain: salido del psiquiátrico Pain demostró mucha prolijidad. El viernes pasado fue frio y estaba como para no salir, pero Peter Tägtgren y su banda demostraron en el Roxy (...) Leer